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¿Reformar o Renovar?

25 set

Desde que Lutero clavara a principios del siglo XVI las famosas 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, surgió lo que se dio en llamar “La Reforma Protestante”. Ha llovido mucho desde entonces, y las diversas ramificaciones de lo que desde aquel día surgió, se han transformado en una multitud innombrable de denominaciones que muestran la variedad de interpretaciones bíblicas, por no decir que son divisiones que han ido segregando la iglesia de Cristo en congregaciones alejadas por fronteras doctrinales, las cuales no vienen al caso, ni Dios pretendió que existieran.

Cuando ese movimiento reformista surgió, quería erradicar cierto deterioro de la doctrina del medievo: El papado, en muchas ocasiones había “inventado” normas sin base ni apoyo bíblico, aprovechando la incapacidad del pueblo de acceder a las Escrituras; la ignorancia de las masas, permitió a la jerarquía eclesiástica crear multitud de normas, cosas que en la mayoría de los casos, hemos de aclarar, Jesús jamás dijo. Y la Reforma apareció con el deseo fervoroso de “protestar” contra estos abusos de la cúspide de la que se llamaba iglesia cristiana universal (o católica).

Lo curioso es ver hoy día, los supuestos sucesores de esos “protestantes”, que lejos de seguir buscando la pureza doctrinal, se han conformado en su gran mayoría a las costumbres de los pueblos, a las liturgias heredadas y sin base de apoyo escritural, a la forma de ser de una sociedad que llama tolerancia a lo que a veces es simple libertinaje. La que se llama iglesia, en vez de tomar ejemplo de la Biblia, toma ejemplo de las empresas, de los bancos, del gobierno… Y los que fueron protestantes (yo mismo “fui así” por muchos años), ahora son meros conformistas: Todo lo contrario de lo que les hizo ser lo que son.

¿Dónde está ese “espíritu protestante”? ¿Acaso pensamos que ya se hicieron todos los cambios necesarios? ¿Ya está todo solucionado? ¿No hay más cosas que mudar de aires para asemejarnos al modelo que Dios nos dejó? ¿Hemos llegado al cenit de la perfección, al punto de que ya no queda nada por mejorar en el cristianismo?

No sé qué pensarás, pero mi impresión es que muchos cristianos se están conformando a este siglo, a este sistema, al modo de pensar de las estructuras establecidas… Y eso tampoco es bueno. Recuerda lo que dice en Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Por si te puede aclarar en algo lo recién leído, mira como se traduce el principio del verso 2 en la NVI: “No se amolden al mundo actual…”

La transformación es vital para todo discípulo de Jesús, y en tanto que caminamos por este mundo, dicho proceso de cambio debe permanecer de continuo en nuestro diario vivir; lo contrario a esto, es decir, el acomodarse a lo que creemos que ya tiene un “buen nivel”, nos ata finalmente al conformismo. En este punto, recuerdo las palabras de Jesús cuando dijo: “El que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30). En ellas muestra un principio interesante: La dualidad de la vida cristiana. Recoges o esparces, creces o menguas, subes o bajas, estás con Jesús o en su contra, eres frío o caliente… No existen puntos intermedios de templada mezcolanza, no, para Jesús no.

Esto me lleva a meditar: O te conformas a este sistema que dirige el mundo (y que se filtra en mayor o menor medida a las congregaciones cristianas) o vives una continua transformación, siendo la meta de nuestro estado el ejemplo del propio Jesús. ¿Tú has llegado a ese nivel? Yo no, por eso no me queda más remedio que decidir: O sigo creciendo a su semejanza o… O me estoy hundiendo en la frialdad del conformismo institucional.

Como dice Romanos 12:1, este es mi culto racional: Mi mejor adoración no es un cántico con voz angelical y música profesional de calidad exquisita, sino mi ofrenda voluntaria y desinteresada, mi mente, mi razón, mi espíritu y mi vida, todo lo que soy, dispuesto a rendirse ante la soberanía creadora de Dios. Mi adoración espiritual a Él, requiere que yo esté dispuesto a ese cambio que no tendrá final hasta el momento de estar en la misma presencia del Todopoderoso.

¿Recuerdas el post de ODRES VIEJOS? Hablaba de aquellos que se resisten al cambio (pues el que ha probado el vino añejo, lo prefiere al nuevo, aunque paradójicamente este sea mejor). Muchos se aferran a lo que creen que es correcto, y se cierran a sí mismos la puerta al crecimiento espiritual, a esa transformación que se produce por medio del entendimiento dispuesto a mejorar… Como aquel viejo dicho: “Renovarse o morir”

Pero están los otros, los que quieren de veras cambiar, los que desean crecer, los que no se conforman al modo de moverse del sistema (o siglo) en el que vivimos, que nos rodea, y que incluso nos acosa. Muchos estamos dispuestos al cambio, a volver a hacer nuevo lo que creímos tener masticado y digerido, pero cuando queremos aplicar esto a las congregaciones y denominaciones evangélicas, parece que surge un no sé qué… Como si fuera tabú, un tema prohibido. Es como si fuera una idea herética y rebelde, pero… ¿No pasó lo mismo en tiempos de Lutero? Es más ¿No le pasó lo mismo al propio Jesús? Entonces ¿A quién queremos parecernos, a Jesucristo, o a Anás y a Caifás? No hay término medio válido: O con Jesús o contra él, nada de medias tintas.

Para ir terminando por ahora, preguntaría ¿Hacia donde debe encaminarnos el cambio? Algunos piensan que la respuesta es obvia: A parecernos a la iglesia primitiva, a lo que era el cristianismo antes de que se introdujeran corrientes de este mundo en él… Y parece algo alentador y muy espiritual, pero, si esa iglesia hubiera sido “perfecta”, no habría desembocado en la imposición obligatoria traída por Constantino en el siglo IV (muy “cómoda” para los cristianos de la época), ni en los abusos de la Edad Media, ni siquiera en la “pobreza espiritual” que en muchos casos vivimos en la actualidad los “orgullosos hijos de la Reforma”.

Aquí entra la pregunta que da título a este artículo: ¿Hablamos de otra Reforma o de Renovación? Creo que la Reforma que nunca cesa, se podría llamar Renovación. Volver a hacer nuevo lo que ya era, revisar lo que no debió cambiar nunca, y luego avanzar hacia lo que debe ser, aunque nunca antes lo hayas conocido…

¿A dónde quiero llegar? A que nuestros primeros hermanos, vivieron más intensamente el cristianismo que la mayoría de nosotros, sin duda alguna, pero lo que hoy conocemos como la iglesia primitiva, como su nombre indica, debería ser el principio de un cambio, pero no el fin del camino ni el objetivo a imitar. Ya he citado en alguna ocasión, que el camino del creyente genuino va en aumento, es hacia arriba (Proverbios 4:18), no hacia la memoria histórica; es hacia Jesús, y no hacia la imitación de los queridos hermanos que nos precedieron. Lo que queda por delante es mejor, la gloria postrera debe ser (y será) mayor que la primera. Lo que pasó quedó atrás, y debemos extendernos a lo que tenemos por delante.

A riesgo de decir algo que resulta obvio, no puedo imaginarme que los cambios a los que nos dirigimos se encaminen a imitar a la iglesia primitiva, sino que deben hacernos pasar, sin excusa posible, por el camino que nos lleve hasta la meta de ser reflejos vivos de nuestro ejemplo supremo: El modelo de Jesús es el único digno de imitar.

¿Y en qué cosas deberíamos ir cambiando lo que hacemos en nuestras congregaciones? ¿Qué cosas de las que creemos conocer deben renovarse con el fin de que seamos verdaderos vasos que porten la gloria de Jesús? Pues el camino es largo, nada fácil, con obstáculos mil, lleno quizás de problemas, ocasionados incluso por aquellos que se llaman tus hermanos… Pero debe prevalecer esto: Jesús dejó dichas muchas cosas interesantes que a veces han quedado en segundo plano, y si las retomamos, como anunciara Juan el Bautista (Lucas 3:4-6), quizás podamos ver como los caminos torcidos se enderezan, las sendas escabrosas se allanan…

Si Dios lo permite, en los próximo posts analizaremos algunas de esas verdades escondidas (o no tan practicadas), esas cosas que suenan muy bonitas pero que quizás han dejado de vivirse en la denominada Iglesia, y nos basaremos como fundamento primordial, como piedra angular, en las palabras que Jesús mismo predicó en su corta pero bien aprovechada vida terrenal…

Por favor, no trates de defender criterios preconcebidos, ni enseñanzas “profundas” de distinguidos teólogos: Trata sólo de ser honesto contigo mismo, y con los que te rodean… y sobre todo con Dios. Si de veras quieres servirle, más te vale que abras tu corazón, por si acaso Él tiene algo que “re-enseñarte”.

Fonte: NO MAS MITOS CRISTIANOS

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Comentários desativados em ¿Reformar o Renovar?

Publicado por em 25/09/2009 em POIMENIA

 

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